domingo 27 de diciembre de 2009

Feliz Navidad II



Este villancico antiquísimo fue lo primero que aprendí de gregoriano, allá por las navidades del 2000. Y siempre lo vuelvo a tararear estos días de pascua, mientras se me vienen a la mente las horas escasas pero gustosísimas que me quedé en la cueva de Belén en Tierra Santa.

Entiendo a san Francisco. Dios se hace carne, ¿cómo no meternoslo por los ojos? Tiene que entrar por los sentidos el Eterno que ha querido sentir y sentirnos. Y un regocijo entra en el corazón, a la vez que se ronronea cum novo cantico

jueves 24 de diciembre de 2009

¡Feliz Navidad!



Hasta hace doce horas, en que trasnochando tras las confesiones comunitarias he reelaborado el post navideño, el texto que acompañaba la rara obra de Murillo era de despedida. Tras cada encuentro con compañeros sacerdotes me lo replanteo. Algo que suscita tantas alertas no puede ser bueno. Y si este blog es una ofensa al sacerdocio o a mi Iglesia, pues hechamos el cierre y punto.

Pero cuando uno vuelve a serenarse, y toma perspectiva de los comentarios, se lía la manta a la cabeza, revisa sus principios y ale, a tirar pa'lante. Por que en el fondo, lo que esto quiere ser no es ni un mentidero ni un escondite para la crítica cobarde. Y eso lo sabéis los que me conocéis en toda la anchura de mi persona, que lo que aquí leeis es lo que estáis cansados de oírme.

Sin embargo es posible que mi chanza constante -hasta en los temas más serios- sea motivo de equívocos. Lástima de mi cortedad que no me da para expresar como quisiera las ironías que cruzan peregrinas mi cráneo (talla 61, no está mal)

Pero es Navidad. El otro día un sacerdote me decía que la Navidad es nuestra última esperanza. Porque Dios no ha desdeñado nuestra carne, no le ha dado asco ser hombre, trabajar, comer, divertirse, llorar.. La Navidad se torna así radicalmente en apuesta por el Amor. Y un amor que es carne y sangre de nuestro existir.

Y por ser Navidad este sacerdote sigue con la ilusión con la que empezó el blog: expresarse. Y desde que fui ordenado sacerdote, evangelizando. Una veces con la palabra, otras con la imágen, otras simplemente dando razones para amar a la Iglesia o para restaurarla tras el tornado. Mucho he errado, más he pecado de omisión. En nada tuve maldad, a sabiendas.

Por eso, en estas Navidades, dejo el blog... a sus pies. Me propongo hablar menos de mí y más de él. Y que todos los que me léeis, incluso aquellos que vienen con mirada aviesa buscando en qué pillarme cerréis la pestaña de Firefox (of course) amándole más.

Ese es el título del blog. Hoy hago exámen de conciencia, y vuelvo a los primeros principios: Laudetur Iesus Christus! ¡Alabado sea Jesucristo!

Cursillico mínimo sobre qué cosa sea liturgia 1

Una de las pruebas atroces por las cuales un párroco comprueba hasta que punto ha arrasado el huracán litúrgico nuestras iglesias es preguntar, al grupo de liturgia parroquial, qué cosa es liturgia. El resultado es curioso:

Pues... acercar el mensaje del Reino a la gente.

Vamos, un mitin. Lo importante es la palabrería, los símbolos, los gestos... Y el caso es que le doy vueltas, y cuantas más vueltas le doy, más espantado me quedo. ¡Qué daño se le ha hecho a la Iglesia! No señalo a nadie, por que no sé a quien señalar. Además, no adelantamos nada. La cuestión es si yo, sacerdote, se dar una respuesta mejor.

La etimología viene en mi auxilio, pero me deja igual que estaba. Leitourgia, leitos y ergon, pueblo y acción. Acción pública, del pueblo. Pero eso puede ser una manifestación o un meeting. O un happening. La acción del pueblo no es sólo suya para sí, eso seria algo encerrado en sí mismo -como tantas veces ocurre en el culto, con guitarras de vestir o tocar- sino que el centro de gravedad de la acción cae fuera del pueblo. La liturgia, ante todo, es teocéntrica. En tanto nace del pueblo, es liturgia porque es para Dios. Pero es liturgia ofrecida a Dios por el pueblo porque en realidad es obra suya. Actio Dei, obra de Dios que decía san Benito. Como los salmos, la liturgia es dada por Dios para que se la ofrezcamos, y en ese movimiento descendente-ascendente (anda, como la encarnación y kénosis de Cristo!) nos subamos nosotros por arte de bilibirloque.

Pero aún más. Si liturgia es éxodo del pueblo hacia Dios, porque Dios le empuja, lo es porque Cristo es sacerdote eterno que ha salido del Padre para empujar a la humanidad con él en su glorificación a la diestra. Es él, no el cura de turno -cansino y modorro o inspirado y mistiquillo- quien obra la liturgia ante el Padre, por obra y gracia de su encarnación, en virtud del Espíritu Santo. Es Jesús, quien tomando nuestra carne, ofreció al Padre el culto verdadero y espiritual de su existencia haciendo su voluntad. Luego, nuestra liturgia será tanto más verdadera y espiritual cuanto más lleve la vida al culto y más el culto a la vida. Cuando queramos hacer la voluntad de Dios de veras, vamos. Y cuando en la liturgia no queramos sino la misma voluntad divina (que se expresa, qué curioso, no en las ocurrencias de la catequista o del curita, sino la obediencia a la rúbrica y négrita, a lo que pide la Iglesia en sus ritos)

Liturgia se nos queda muy hermosa, muy dinámica... aquí no hay quien pare: no subiendo y bajando del presbiterio (¡ah, quien pusiera una recia baranda) sino porque es movimiento hacia Dios, llamada a reunirse en lo alto del monte Sión, empujada a subir a lo alto, a no quedarse mirandose el ombligo en una apoteósica exaltación de nuestros sentimientos. Liturgia no es hablar nosotros de Dios, acercar el mensaje de Jesús a la gente, sino dejar que Jesús se acerque a nosotros, y como "agentes secretos de pastoral" o mejor dicho, apóstoles, y a los demás.

Cada vez me gusta más eso de "Mirar al Traspasado", mirar ad oriens y enseñar a la gente a esperarle. Porque viene, está por venir, ya está vieniendo. Liturgia es gritar como pueblo, como familia de Dios: Veni! Maranatha! Esa es nuestra acción, clamar y esperar, suplicar que venga, confesar que está viniendo, alabarle porque está llegando.

miércoles 23 de diciembre de 2009

Diálogo de escolásticos



Con mucho gozo se reciben las nuevas que traen las fechas respecto a las conversaciones FSSPX-Rooma.
Muchos temíamos que fuera un diálogo de sordos, no sólo por parte del tradicionalismo. Sin embargo, pintan buenas intenciones y mejores recepciones.

Por lo pronto, la foto que traemos a la cabecera ya no nos resulta extraña. Me explico. No quien posa, sino en calidad de lo que posa: un obispo católico con toda la parafernalia del culto tradicional no es algo de foto en sepia, sino que, como un río, el agua nos lleva sin dejarnos en las riberas. Y eso se lo debemos al Motu Propio.

Sin embargo, el gran peligro de la defensa de la tradición -esa tradición que no puede ser motivo para la separación- está en las formas, en las estructuras, en las circunstancias. Y en eso, caríssime, se lo debemos a entender la reforma de la Iglesia en la reforma de las formas, de las estructuras, de las circunstancias.

El Sacrosanto Concilio abrió las ventanas al viento del Espíritu, pero entraron los humos de cada cual, vestidos de brisas primaverales.Y la letra que el Señor quiso poner por senda de renovación se dejó hundida entre cientos de testimonios, comentarios, entrevistas a observadores, periodistas, obispos, arzobispos, cardenales y sobre todo, teólogos. Asi, del concilio se extrajeron conclusiones que el concilio nunca dijo. El espíritu conciliar daño sobre todo a la liturgia, esa que nosotros construímos, hacemos para expresarnos, para hacer llegar el mensaje a la gente.

La reforma empieza ahora, cuando se apagan las pasiones -o deberían- y, sabios nos quiere el Señor, se ponen por obra las ideas, no las ideologías.

Los diálogos con los lefebritos vienen después de mucha ideología. Por un lado y por otro. La Iglesia, o mejor dicho, los artífices de estos cuarenta años de huracán, aferrados a lo nuevo, lo verdaderamente original, en sus dos sentidos, lo dialogante y lo conciliar. Por otro, incapaces de ver más doctrina que la neoescolástica refrita, ni más magisterio que el que firmó el venerable Pacelli. Y ambos extremos son erróneos. Ni 1950 ni 1968. La historia de la Iglesia son dos mil años. Y eso exige mucha sabiduría. Y mucha prudencia.

Por eso, ahora tenemos que empezar la reforma, cuando tanto Pio XII como Pablo VI, a los jóvenes nos resultan igual de lejanos, igual de inspirados, igual de llamados a preparar a la Esposa a la venida del Esposo. Y está por venir. Ójala nos encuentre despiertos y unidos, llevados en el mismo río, hacia el mismo mar, en la misma barca.


jueves 10 de diciembre de 2009

Purísima

De la horrible sucesión de los días nos libra la liturgia sacrosanta, elevando nuestras mentes y corazones al cielo. Pero cuando no hay internet, estos días pasan como más plúmbeos, rellenos de una crema insípida, ahogados como bizcochitos borrachos en el aire que los circunda. Vamos, servidor ha estado sin conexión y no ha podido pasantear un poco sobre estos hermosísimos días, tan azules y albos, tan especiales en un adviento que se torna mayo florido con un par de grados no más.

Es que la fiesta de la Purísima me enarbola el corazón, y durante las vísperas e incluso el postdie, el nene va como subido en globo aerostático, señalando extático los paisajes y hermosuras que la altura le revela.
Es que mirar a María santísima es como ir en globo aerostático, entiéndase bien. El ser de nuestra debil naturaleza, pero sobreagraciada, le da como unas alas de justicia que revelan el pasiaje más verdadero y hermoso de nuestra naturaleza. Claro está, si no hubiera caído (nuestra naturaleza)

Lo que más me llama la atención de este paisaje que, desde María se contempla, es la libertad. No logro entender, y sin embargo, osadamente predico, que sólo María fue realmente libre. Ella, que se hizo esclava. Ella, que no tenía más opción que amar a Dios, porque se le imponía como una evidencia científica o el amor del enamorado. Atada a Dios, al bien y a su misión, fue libre de aceptarla, y libre porque la aceptó.

Los que vivimos sujetos a la horrible sucesión de los días -¡Señor, ya estamos a 10!- tenemos amarrado el corazón al ayer, al viví, al supe... y se nos antoja insoportable la rutina de hoy, mañana, siempre, vivir y aprender. Los que vivimos en el tiempo, la libertad se nos queda constreñida en la ansias de ser no sabemos exactamente qué... bueno sí, de ser eternos. Y por eso, la regla, la rúbrica, el horario, nos trascienden, nos hacen entrever un más allá, nos liberan. Yo al menos así lo siento. Sobre todo en la Misa. Cuanto más se ata a lo que la Iglesia nos pide, de la manera que nos lo pide, y con el espíritu que nos lo pide, más libre es el celebrante, que se rebela contra lo nuevo, lo innovado, lo inaudito... que siempre fue dicho o hecho.

María fue libre, libre, libre... porque supo ser esclava del Eterno. Y por sujetarse al Dios vivo que quiso tomar la vida de ella. Salve, Sancta Paren, enixa puerpera Regem!

Humor de veras

Los derechos de autor de la Cruz Cristiana son de la Iglesia... Aunque entonces, los colegios quitarán el signo más + de las clases de matemáticas y pondrán en su lugar el triángulo, que es como más del Arquitecto, de tal manera que 2 Δ 2 = 4. Pero ojo, no confundir con el triángilo para abajo ∇ que es gradiente... Ni con ∧ que es conjunción lógica... ni ∨ que es disyunción lógica, aunque ahora que lo pienso, Δ ya significa incremento, con lo cual puede lugar a interpretaciones erroneas. Para evitarlo buscaremos una combinación de símbolos que sustituirán a la Cruz +, por ejemplo Δﻷữ۩җҜЮΨ, de tal manera que a partir de ahora 2 Δﻷữ۩җҜЮΨ 2 = 4. Que es como mucho más laico y tal...

En Infocatolica.com, Cuatro rayas mal hechas...

jueves 3 de diciembre de 2009

¡Qué Cruz, Señor!

La manía persecutoria respecto al cristianismo de los "progres" es insoportable. Con la expulsión de los crucifijos de las escuelas lo que se pretende no es quitar una imagen o un símbolo, sino atacar a las escuelas concertadas y privadas, para que ni allí pueda haber repercusión de lo religioso en la sociedad.

No arremeten contra Cristo, sino la Iglesia. Mejor dicho, contra lo cristiano.

Jesús, en la cruz, puede ser hasta bello. Una Iglesia que vive lo que significa el sacrificio de Cristo en la cruz podrá no ser hermosa, pero siempre será molesta.

En el blog de Seneka aparece a la derecha la primera imagen de un Santo Cristo con el lema: retirad uno y pondremos mil. Y yo me pregunto: ¿dónde? si hasta en el altar parece que molesta. ¿Dónde? Donde haya un cristiano, tiene que haber un Cristo. Como decía san José María: y ese Crucifijo has de ser tú.

La memoria hoy del gran apóstol del Oriente, san Francisco Javier, daría para pensarse mucho lo que se puede hacer nada más que contemplando un crucifijo, o comiéndoselo a besos, como dicen de san Buenaventura. Hoy también necesitamos santos que parezcan locos, y griten la falta que hay de conocer y amar a Dios, de la gran pérdida de almas que tiene el cielo, y de cuántas van al infierno. Uy, perdón, que eso era antes. Y así estamos.

Que el congreso discuta sobre los crucifijos mientras tantos miles, ¡millones! de parados son cristos con cruz y gorda es para llorar. ¡Qué cruz, Señor, de desgobierno! No te quieren, Señor, eres molesto... dices verdades como puños, como torrentes...

P.S. No se donde ví hace tiempo una propaganda -creo que carlista o falangista- con motivo del referendum de la constitución, de un dibujo: Cristo llamando a las puertas del parlamento y rechazado. Sería interesante volverla a ver.

martes 1 de diciembre de 2009

Sainete

El lunes, pasado el meridiano, servidor volvía de sus afanes estudiantiles en autobús. El transporte público es una forma de mortificarse en la Comunidad de Madrid, donde a hora punta, ciertamente la renfe, el metro o cualquier otro medio son "la suma de todos".

En fin, que me distraigo. Lo que os quería contar es una escena en que la diferencia generacional es sólo algo físico.

Esperando el bus unos chicos -mengajos, no más- celebraban mi presencia sacerdotal con codazos, risitas y chanzas varias, lo que me hizo pensarme subir al convento andando tranquilamente. Pero me armé de valor y subí al autobús, donde quedé justo a su lado.

Al poco de arrancar, uno le dice al otro le dice que "si quería echarse unas risas". Temblé. Pero el cuento iba con un señor mayor que presidía el asiento trasero, como si fuera el dueño del majuelo. Y las risas consistienron en provocarle poniendo los pies uno de ellos en el asiento de al lado.

¿Risas? La que armaron fue del 15. El abuelo le empezó a insultar y a bajar a la fuerza las piernas, mientras el insurgente cordelero no hacía más que referir, que a pesar del frío que hacía, tenía una excesiva transpiración en la zona genital -referida de más de siete maneras diferentes, jo con la escasez de vocabulario-. Todo para que, al final, el sujeto cordelero b hiciera de poli bueno y pusiera paz, eso sí, recrimiando al vejestorio su incapacida mental y deseandole extrañas combinaciones amatorias.

Ya lo habían echo otras veces. En eso consistían las risas, en provocar a un señor que pierde los papeles si tientan su autoridad inveterada en el orden del bus. Pero el rato que pasamos fue minino. Nadie se atrevió a parar los pies al quinceañero chola ni al neurótico jubilado. Demasiada violencia para pararla, mejor que se aburran.

¡Qué apaño! Los mayores desautorizados... unos sin culpa y otros culpables. Y unos juventud que no sabe a dónde dirigir todo ese potencial y fuerza que se tiene cuando descubres tu yo en el mundo.

Y todo era un sainete, una broma. Un teatro que ambos, los crios y los viejos, inventan para tener algo que recriminarse, para ser algo, para tener un contrario con el que polemizar. Una broma que juega con la violencia.

El viejo profesor decía que se quedaba con ganas de escribir un libro titulado "Elogio de la violencia". Yo quisiera vivir y hacer vivir la verdadera paz, esa que se hace a violencia de bien y virtud. El pacifismo es una opereta con entremeses de atrocidad. Como el sainete del bus.

Bono faciendo, malum vitandum

Enseñais el mal a los niños, pervertís a los jóvenes, y facilitais que las
madres se conviertan en asesinas. Todo eso haceis, Bono.

La cita es de D. Terzio, que escribe al hilo de unas declaraciones del presi del congreso de los di.putados.

Creo que no se podrá resumir mejor todo el cúmulo de inmundicias que los que van por delante -o debieran- van echando en esta España mía, esta España nuestra...

Dios nos pedirá cuenta a los "buenos" por nuestra pasividad ante los "malos". Pongo tantas comillas porque el bien sin constancia no es bien... Ya se acallaron las voces pro-vida, todo vuelve a ser igual. La crisis está haciendo mucho, mucho daño. Pero tranquis, ESTO es la crisis.

De lo de Suiza y el Vaticano, mejor no hablo, que peco.
Pero mi señor padre lleva más razón que un santo: ellos tienen 8,1 hijos, todo es cuestión de tiempo que nos pongan mirando a la Meca. Que se hagan mayorcitos. Y que tanta educación para la giliprogrería nos deje a la juventud no sólo mala, sino acelga.

sábado 28 de noviembre de 2009

Sábado


Los que tenemos más de una parroquia a nuestro cargo es muy raro que celebremos misa de sábado. Las misas vespertinas son las que priman, porque interesa que los fieles cumplan con el precepto, y a dos misas no irían más que dos agüelillas que en cuantico oyen la esquila de la ermita, se echan el abrigo, se agarran del brazo, y allá que se van a acoger con gusto lo que les eches.

Digo que celebrar de sábado es raro, y claro, a uno le queda el pesar de no decir misa de Santa María en sábado.

Hoy es el último sábado de tiempo ordinario, que además no tiene celebración de ningún santo en concreto. Pero en fín, otro más.

Cuando tuve mi primer breviario -diurnal bien forradito con plástico y sus cintas con sus nudos impolutos- no supe de ese oficio hasta que llegué al seminario. Y claro, la devoción se acrecienta con la sorpresa. Pero más sorpresa fue saber por qué recordamos a María los sábados.

Nos lo dice santo Tomás, pero no se dónde, que los sábados son días de la Virgen, porque ella conservó la fe en el sábado santo. Santa María en sábado, la Virgen de la espera, de la fe, del amor que no se apaga... ¡Santa María del Adviento! Esta tarde empezamos el tiempo de la espera, de la fe, del amor que, como las lámparas de las vírgenes listas, no se apaga. Ecce Sponsus venit, exite obviam ei!

¡Que viene el Esposo, salid a recibirlo!
Madre, qué hermosura de bodas, qué alegría de fiesta, que ilusión con que llegueís pronto...
¡Prepáranos en la espera, en la fe, en la caridad! ¡Virgen santa María!